Del joyero de Isabel II de España a las alacenas de Tiffany.

Isabel II

«Magnificent Jewels»

Es miércoles 16 de mayo y en la sala de la casa Christie’s de Ginebra se celebra una de las subastas mas esperadas de la temporada: «Magnificent Jewels», con grandes piezas de joyería. Pero nosotros nos fijamos en un collar formado por doce esmeraldas colombianas de corte circular y una central mas grande, orladas por diamantes en corte antiguo y adornado con flores de lis, y cuya última venta se realizó en 1996, en Nueva York. Asombra su diseño, flexibilidad y conservación.

Su precio estimado de salida es de 595.884 euros y, al final de la jornada, casi alcanza el doble de su valor de tasación: 1.021.000 euros ha pagado por la pieza un comprador cuya identidad, como es habitual en estos casos, no ha sido desvelada.

«Magnificent Jewels» 

 Al gusto de Su Majestad ...

El gusto de la Reina españolas por las piedras y en especial por las esmeraldas, y su habilidad para comprar, encargar piezas, reformarlas o venderlas, era mas que sabido. Isabel II, que no era precisamente una mujer de gustos sencillos, reunió una fantástica colección.

Entre otros, Semper, uno de los mejores joyeros madrileños, con casa en París, le realizó por encargo un aderezo de diadema, pendientes, collar, peto en corsage, alfiler espoleto y brazaletes, con unas 286 esmeraldas (algunas con un tamaño impresionante) y más de 12.000 brillantes.

La propia Reina fue la proveedora de las esmeraldas en una típica operación de renovación de joyero. Casado del Alisal la pintó con esas joyas y Gustavo Adolfo Bécquer habló del aderezo de esmeraldas expuesto en el escaparate de Semper, en un artículo publicado el 23 de marzo de 1862 en «El Contemporáneo».

 Reina Isabel II

Cuenta la historiadora Nuria Lázaro, experta en joyas de la Reina Isabel II, que la revolución de 1868 obliga a la monarca a exiliarse llevándose sus joyas con ella, joyas que le sirvieron para sobrevivir los años del exilio, pues la Isabel II tenía que cumplir con sus obligaciones de pasarle unos 150.000 francos a su esposo -Francisco de Asís de Borbón- y la manutención y educación de sus hijos, amén de sus propios gastos. «Su deuda ascendió a 700.000 francos.

Para obtener liquidez, tuvo que vender la practica totalidad de su joyero, depositado ya en la Banca Rothschild de Inglaterra, como garantía del crédito que le había concedido la compañía Zulueta & Cia.

 En el verano de 1878 se llevó a cabo la famosa subasta de sus joyas en París, en la sala Drouot. Los joyeros mundiales fueron los principales compradores y Charles Lewis Tiffany, uno de los que más piezas compró, al menos los pendientes y una parte del peto para venderlo al político y magnate del ferrocarril Ian Stanford, fundador de la célebre Universidad.